#ElPerúQueQueremos

Você que inventou a tristeza

Publicado: 2009-10-21

En el país del absurdo, todos los viernes por la tarde los cleptómanos se reunían religiosamente en los salones del Club Nacional, con sus mejores trajes, gris y verde olivo. Gustaban degustar café, pisco y butifarras, mientras oían atentos a un obeso presidente, quien amparado en el viejo orden, prolongador del pasado, pasaba revista a sus logros gremiales:

- Las fosas comunes gozan de perfecta salud, nuestros recursos no renovables son magníficamente agotados, la prensa está impecablemente comprada y/o amordazada, las estadísticas son pulcramente manipuladas, la amnistía  a nuestro socio oleada y sacramentada, los derechos laborales son ínfimos, la educación gratuita está en proceso de extinción. Finalmente, compañeros, el seguro social y la salud pública pronto serán una mala palabra, excluída del Diccionario de la lengua Española.

- ¡Salud por nosotros! - gritó eufórico el cardenal del Opus Dei, de verbo florido, especialista en espionaje durante crisis de rehenes, mandar al carajo los Derechos Humanos y defender la vida.

Ajeno a la euforia de sus socios, el viejo banquero observaba complacido, desde el balcón, a esa inmensa mayoría desfilar apresurada, perdiéndose por los laberintos de esa ciudad gris, con smog en la sangre.  Pero una imagen grabada en un muro le hizo borrar la sonrisa.

- ¡Esa pared no estaba pintada hace una semana! - exclamó el viejo banquero, bisnieto de comuneros de Granada que ahora disfrutaba la gran responsabilidad de ser el presidente vitalicio, a la sombra de aquél país, desde el retorno a la demodura, sinónimo de dictablanda.

- Pero, ¿cómo? ! Qué se borre de inmediato! - exclamó un calvo Ministro del interior, de frondoso bigote y excelso ejemplo de incapacidad, sucesor de quien en otra vida desfalcó el erario como Ministro de Hacienda. El tenía en su hoja de vida algunos desparecidos en Trujillo, pero  eso ya nadie recordaba ahora.

Los cleptómanos  no se dieron cuenta jamás que ese mural fue dibujado, trazo por trazo, por todos aquellos transeúntes, por ellos ignorados. Los señores no sabían que allá, a lo lejos, un pueblo anónimo se levantaba todos los días, a las cinco de la mañana, mucho antes que ellos; que ríen y lloran muy a pesar de ellos y, que luchaban todos los días, muy a pesar de ellos.

Apesar de você

amanhã há de ser outro dia.

Eu pergunto a você

onde vai se esconder

Da enorme euforia?

Así, esos socios de la infamia recordaron que, tarde o temprano, esos anónimos llenarán las calles y plazas, como hace una década, como hace seis lustros, indefectiblemente.

No tuvieron otra salida que cerrar esa ventana, rojos de ira.


Escrito por

Troba

Entre el presente y un pasado glorioso que tampoco es pasado.


Publicado en

Papelmojado

Con semen/con vino/con nieve/con llanto (M.B)